lunes, 6 de abril de 2015

Viajes de papel: "El invierno en Lisboa"

De cómo visitar una ciudad y escribir una novela sobre ella pueden dar un giro inesperado a tu vida.

             Viajes de papel: "El invierno en Lisboa"

“Reconocí su manera de andar mientras cruzaba la calle, ya convertida en una lejana mancha blanca entre la multitud, perdida en ella, invisible, súbitamente borrada tras los paraguas abiertos y los automóviles, como si nunca hubiera existido”.

Con estas palabras me decía adiós, mientras los rayos de sol nacían tímidamente en esta mañana de lunes festivo, “El invierno en Lisboa”, la segunda novela (y para algunos la más relevante) de Antonio Muñóz Molina.

Con la tristeza de aquel que se despide de un amigo (o quizás de un amor) a través del cristal de la ventana de un tren de larga distancia, cerré la contraportada pensando que este no sería un adiós definitivo, sino un tierno “hasta luego”. Mi relación con la esta novela es igual de contradictoria que los personajes que la habitan, y es que desde que supe de su existencia he intentado evitarla de forma inquisitiva por un caprichoso reto literario: no leer “El invierno en Lisboa “hasta no haber visitado la ciudad que bautiza su título. Esta decisión que algunos calificarían de excelente “turismo literario” desde mi punto de vista ha sido una forma inocente de transgredir a la imaginación, ya que, ¿hay algo que emocione más al lector que el de imaginar una ciudad desconocida a través de la descripción subjetiva que un escritor elabora de ella?

“¿Tú nunca sueñas que te pierdes por una ciudad donde no has estado nunca?”

 En otras palabras: me siento una lectora infiel, pero como Lucrecia, la protagonista femenina de esta novela, que durante unas horas de misteriosos hoteles oscuros se transforma en la amante del solitario pianista Santiago Biralbo, me siento orgullosa de serlo, porque esta experiencia me ha brindado la oportunidad de viajar de forma física, psicológica y literaria decorando el espacio y las inquietudes de unos personajes más cercanos a nosotros de lo que el autor pretende al dibujar en este delicioso cuaderno de viajes prohibidos.
Adentrándome en el epicentro de este análisis alternativo del libro, voy a centrarme en un fenómeno casi fantástico que de cuando en cuando irrumpe en la vida de los autores: la metamorfosis del escritor en uno de sus propios personajes. Este hecho casi surrealista, fue precisamente el que aconteció en la vida de Antonio Muñóz Molina, y cuya consecuencia fue precisamente, el título de esta entrada; un giro inesperado en la trayectoria de su existencia.

Antonio Muñóz Molina era (y sigue sintiéndose orgulloso de ello) un andaluz de provincias nacido en Úbeda (Jaén) hijo de campesinos y funcionario en la concejalía de cultura del Ayuntamiento de Granada, casado y con hijos. Hasta los datos leídos; un español medio descendiente de trabajadores y por tanto calificado por inercia como ciudadano “normal”. Pero Muñóz Molina era algo más que una persona normal; era licenciado en Historia del Arte y un amante incondicional de la pintura, la música, el cine y la literatura, vicios que le conducían a refugiarse en una habitación perdida de su hogar alejado de su familia encontrando la inspiración dormida por su aparente vida cotidiana.

De estas horas de exilio doméstico nació el borrador de “El invierno en Lisboa”, cuya ciudad protagonista era Florencia. Sin embargo, el autor consideró que carecía de consistencia y ni siquiera se le pasó por la cabeza el deseo de publicarla. Además, él se sentía día tras día, viviendo una vida que no le pertenecía debido a  la sensación de extrañeza respecto a su familia y al rol que la sociedad le pedía que interpretara. Ante este tenue paisaje, un amigo le sugirió un día “¿Y por qué no visitas Lisboa? Y así lo hizo. Con los ojos de un niño que observa los rostros de su primer viaje, Muñóz Molina se dejó perder durante tres días en la ciudad del fado, de las caóticas calles adoquinadas, de un río camuflado en el mar, y de las miradas lascivas acechando en cada esquina. El escritor se empapó de cada detalle como si fuera el último viaje. Experimentó esas sensaciones secretas que todos los aficionados a las palabras esperamos sentir al visitar por primera vez una ciudad extranjera; la de desprenderse de un mismo. Pero esta erudita y bohemia sensación que regala la falta de identidad era completamente falsa: mintió piadosamente a su mujer mientras ésta cuidaba de su hijo recién nacido para escribir el preludio de la vida que siempre había soñado.
De esta huida fortuita, nació a su regreso “El invierno en Lisboa”, y a partir de ese momento su biografía se pinceló por las vicisitudes del destino: deshacerse de su rutina anterior, separarse de su mujer, ganar un premio Planeta, escribir nuevas novelas, convertirse en periodista para algunos importantes periódicos, formar parte de la Real Academia Española de la lengua, conocer a la escritora Elvira Lindo y casarse con ella, ser director del Instituto Cervantes en la ciudad de Nueva York y el más reciente, ganar el premio “Príncipe de Asturias de las Letras”.

Con este epílogo no pretendo elaborar el curriculum vitae del autor ni, al contrario, maldecirlo por sus actos. ¿Recordar  su vida anterior y también este palmarés es necesario para justificar la decisión que tomó en su día de alejarse de sí mismo para reencontrarse? En mi opinión constituye un punto de referencia para explicar una constante en las novelas del autor:  

“¿Cómo se forma uno? ¿Cómo se define uno como es? ¿Cómo llegas a ser quién eres? Para definirte necesitas un viaje, pero puede ser un viaje cercano, en tu propio y limitado entorno o un viaje exterior (…) Yo elegí el segundo.
(Entrevista en Canal Sur)

Con esta declaración de principios el lector consigue , a través de la lectura de “El invierno en Lisboa” comprenderlo como un alimento de experiencias vitales: literarias, artísticas, cinematográficas y  personales que describen la prófuga huída del protagonista entre dos ciudades europeas. Por un lado, la oscura y nocturna San Sebastián, representada por la vida estable del músico y también el lugar donde se gesta el amor; donde una noche de jazz se entrecruzan casualmente las miradas de Lucrecia y Biralbo,  y por otro la vital, oriental y exótica Lisboa que representa la culminación de ese amor a través de su anhelo, ya que para los personajes representa una ciudad inalcanzable, la ciudad en la que siempre crecerá la esperanza llegar juntos. De este modo, en esta novela todas las ciudades se encuentran simbolizadas en esa Lisboa que viene a ser la síntesis de todas, porque, al igual que Biralbo y que Antonio Muñóz Molina todos somos melancólicos náufragos vagando por las calles de una ciudad desconocida.

FIN



(Os deseo una agradable lectura y un feliz viaje a Lisboa)

Pescadores junto al "Ponte de 25 de Abril"



(Os deseo una agradable lectura y un feliz viaje a Lisboa)

Fuentes:

-" El invierno en Lisboa, la ciudad de la literatura al cine" Jean-Pierre Castellani ,Universidad François Rabelais, Tours (Francia)

-

viernes, 3 de abril de 2015

Autopsiant pinzellades. Desfer un mite. Els perills de la mar: Ulises i les sirenes

Herbert James Draper, Ulysses and the Sirens, 1909


"Les sirenes enxisaven a aquells hómens que s'aproximaven a elles. 
Lhome  que s'apropava a elles  sense adonarse'n  no tornava mai a la seva llar"

(Circe en l'Odissea d'Homer)


I si l'heroi Ulises no haguera aconseguit mai escapar de l'hipnòtic cant de les sirenes?



ELS PERILLS DE LA MAR


-Oh , Ulisses!! Per què has traït als Déus  de l’Olimp?
Què és allò que t’ha fet endinsar-te en aquestes criatures malèfiques que fan  pedre la fe dels hómens  i els inciten als plaers més impurs?
 Per què no has escoltat els meus consells i no  has tapat  les orelles a la teva gent amb cera dolça ni t’has lligat de mans i peus al teu navili per no arrossegarte pel cant de les Sirenes?
 Digues, com penses tornar a la teva llar, Itàca, on el cor de la teva estimada , Penèlope , batega pel teu somriure?

-Oh, Circe! Oh, filla d’Hélios! 
Oriünda de déus immortals que ens vigileu dès de les altures i penetreu en les nostres vides!
Deixeu als pobres humans, baixar à l’estatge de l’Hades!

Deixeu-nos viure amb la mortalitat!

FI

Basat en l' Odissea d'Homer i en aquesta cançó


lunes, 30 de marzo de 2015

Brújula imantada


"Dentro de veinte años estarás más decepcionado de las cosas que no hiciste que de las que hiciste. Así que desata amarras y navega alejándote de los puertos conocidos. Aprovecha los vientos alisios en tus velas. Explora. Sueña. Descubre”. 

(Mark Twain)

Antes de adentraros en esta pedacito de ficción itinerante me gustaría hablaros del propósito del mismo, el cual habréis intuido en la cita anterior. Este es mi humilde homenaje a todos aquellas almas aventureras que por diferentes motivos son conducidas al arte del viajero solitario. Y de todas ellas , gran parte de la dedicatoria es para las mujeres que viajan solas. ¿Por qué?  Por no temer a la marca de sus huellas, por aprender a disfrutar del placer de despertarse en una ciudad desconocida con la soledad como única compañera de letargo, por destruir los mapas con la imprevisible brújula de la perdición, por atreverse a intercambiar miradas lascivas con sus desvergonzados ojos nómadas.... y sobretodo por sentir durante todo el viaje que son ellas mismas.

A ellas ( y a ellos) va dedicado.
Viajera solitaria antes de atravesar el "Arco da rua Augusta" en Lisboa.
Fotografía de Maricruz Suárez

Brújula imantada

(microrrelato)

Al fin llevé a cabo mi experimento. Coloqué a una mujer solitaria en una ciudad desconocida.
 Al cabo de un tiempo hallé el resultado; la mujer dejó de tener pasado y abandonó su futuro para extraviarse en la misteriosa incertidumbre del presente.
Sólo experimenté algo parecido el día que coloqué un imán sobre mi brújula. 
El día en el que sentí que el mundo terminaba.

FIN

Gracias a Isabelle Isnard por regalarme su ausente presencia durante mi llegada a Lisboa.

Os dejo con la voz de un alma viajera: Cat Power.

Feliz semana


domingo, 15 de marzo de 2015

Postcoital


El diálogo es uno de los mayores conflictos narrativos a los que debe enfrentarse el escritor a lo largo de su proceso creativo. 
En primer lugar, el diálogo es una herramienta para mostrar al lector la psicología de nuestros personajes, ya que gracias a él no sólo expresamos la forma en la que ellos se expresan (a través del diálogo directo) sino que también hacemos hincapié en la forma en la que piensan (a través del indirecto)..
Diane Keaton y Woody Allen durante el rodaje de Annie Hall,
película que representa muy bien, el conflicto creado por el
diálogo

En segundo lugar, el escritor debe de encontrar el equilibrio entre la realidad y la belleza, es decir, lo que diría una persona normal y lo que impulsa esa magia creativa. Si escribiéramos o leyéramos en voz alta, los diálogos cotidianos nos parecerían  absurdos y vacíos, de modo que nos esforzaríamos por enriquecerlos literariamente.
 ¿ Cómo podemos encontrar esa magia? Uno de los trucos más utilizados por los escritores para gestionar el conflicto dialéctico, es el de leer en voz alta los resultados de esta representación narrativa. De este modo, el escritor juega a dar vida a sus propios personajes , recreándolos. 

Encontrar esa magia  fue mi reto para esta semana. Para ello he escogido una situación cotidiana un tanto incómoda y a la que todos nos vemos condenados a enfrentarnos de vez en cuando: una conversación después de haber compartido una noche inesperada con una persona a la que hace tiempo que no vemos. 

La primera versión corresponde al diálogo tal y como lo experimentaríamos en la vida real si una cámara nos filmara, en cambio , la segunda versión está enriquecida por las características narrativas.

Seguro que después de leerlos observáis diferencias en vuestra forma de utilizar la dialéctica.

Recrear en voz alta este fragmento ha sido una experiencia muy divertida.



POSTCOITAL

(Versión diálogo directo)

-¿Qué es ese ruido?

-Perdona, olvidé apagar el despertador. Ya sabes, pequeños contratiempos del fin de semana.

-¿Qué hora es?

-Las seis y media. Ni si quiera el Sol se ha dignado a salir.

-¿Tan pronto?

-¿Por qué te tapas, mujer? ¿Tienes frío?

-Es que, es que… pienso en que hace tan sólo tres horas que…

-¿Qué alcanzamos el placer? ¿El gozo? ¿El éxtasis? ¿O tal vez la divinidad?

-¡Para, para, para…!

-Pero… ¿qué te ocurre? ¿Qué tiene de malo recordarlo? ¿Acaso no te ha gustado? Vaya, pensaba que yo iba mejorando con los años.

-¿Por qué todos los hombres tenéis la maldita costumbre de sacar a relucir vuestros trofeos?

-Porque es una forma sana de demostrar nuestra virilidad.
-¿Sana? ¿De verdad lo crees?  Sana sería si dependiera de mí confirmar dicha victoria.

-¿Y por qué iba yo a necesitar tu opinión?

-Acabas de tirar por la borda la culminación de un encuentro accidental. Me marcho. Se vuelve a verificar la teoría de que a partir de los cuarenta las personalidades no se pueden cambiar.

-Vaya, vaya. Parece que anoche no decías lo mismo.

-¡¡ Vete a la mierda!! ¿Sabes lo que eres? ¿Quieres saberlo?

-Sorpréndeme

-Un eterno soltero alimentado por el capricho de una noche salvaje. Nada más que eso.

-Bueno, parece que aunque pase el tiempo, ambos seguimos teniendo cosas en común. Perdón, excepto el matrimonio. Tu matrimonio.

-¿¿Qué insinúas??¿Qué soy la versión femenina e infiel de tu sobrevalorado ego? ¿Otra superviviente de los ochenta, cuya vida se ha visto frustrada por las causas perdidas?

-No has cambiado nada. –dijo él.

-Tu tampoco.

-¿Echamos el último antes de que te vayas?


 
******


POSTCOITAL

(Versión diálogo directo ampliado)

-¿Qué es ese ruido? – preguntó ella sorprendida.

-Perdona, olvidé apagar el despertador- respondió él- Ya sabes, 
pequeños contratiempos del fin de semana.

-¿Qué hora es?

-Las seis y media. Ni si quiera el Sol se ha dignado a salir.

-¿Tan pronto? – exclamó ella mientras se cubría con su parte proporcional de edredón.

-¿Por qué te tapas, mujer? ¿Tienes frío?

-Es que, es que… pienso en que hace tan sólo tres horas que…

-¿Qué alcanzamos el placer?- preguntó con una sonrisa mientras ella se enrojecía- ¿El gozo? ¿El éxtasis? ¿O tal vez la divinidad? – una risa accidental surgió de sus entrañas.

-¡Para, para, para…!-exclamó su voz escondida en lo más profundo de la cueva construida por el edredón.

-Pero… ¿qué te ocurre? ¿Qué tiene de malo recordarlo? ¿Acaso no te ha gustado? Vaya, pensaba que yo iba mejorando con los años.

-¿Por qué todos los hombres tenéis la maldita costumbre de sacar a relucir vuestros trofeos?

-Porque es una forma sana de demostrar nuestra virilidad.

-¿Sana? ¿De verdad lo crees?  Sana sería si dependiera de mí confirmar dicha victoria.

-¿Y por qué iba yo a necesitar tu opinión?- dijo con la misma sonrisa.

Ella le respondió con una mirada ametralladora.

-Acabas de tirar por la borda la culminación de un encuentro accidental- dijo mientras recogía los recuerdos de ropa perdidos alrededor de la cama.- Me marcho. Se vuelve a verificar la teoría de que a partir de los cuarenta las personalidades no se pueden cambiar.

-Vaya, vaya. Parece que anoche no decías lo mismo.

-¡¡ Vete a la mierda!!- exclamó poseída por la furia- ¿Sabes lo que eres? ¿Quieres saberlo?

-Sorpréndeme-respondió con otra sonrisa indiferente mientras ella, víctima del nerviosismo engendrado por la incomodidad,  se colocaba el sujetador del revés.

-Un eterno soltero alimentado por el capricho de una noche salvaje. Nada más que eso.

-Bueno, parece que aunque pase el tiempo, ambos seguimos teniendo cosas en común. Perdón, excepto el matrimonio. Tu matrimonio.- respondió él.

Ella desistió finalmente en su intento por colocarse el sujetador y en un ataque de ira, se lo lanzó a la cara mientras sus pechos surgían liberados de su armadura. De pronto, sus pezones comenzaron a erguirse en una danza interminable.

-¿¿Qué insinúas??- volvió a exclamar con furia- ¿Qué soy la versión femenina e infiel de tu sobrevalorado ego? ¿Otra superviviente de los ochenta, cuya vida se ha visto frustrada por las causas perdidas?

Se miraron uno al otro durante unos segundos. El despertador volvió a sonar. Ella lo lanzó al suelo sin remordimientos.

De nuevo, sus miradas se entrecruzaron. Una tímida sonrisa surgió a continuación en el rostro de ella. Otra en el de él. Al fin, Una carcajada consiguió dibujar la frontera entre ambos.

-No has cambiado nada. –dijo él.

-Tú tampoco.


-¿Echamos el último antes de que te vayas?

FIN


Inspirado en este tema de MClan






sábado, 7 de marzo de 2015

Génesis del paraíso

Al erotismo no le gusta limitarse a ser un éxito de ventas, sino que prefiere ser moldeado, explorado, acariciado, transgredido, sodomizado…por el lenguaje.


Al erotismo le gusta ser literatura.


Fragmento del cuadro "Adán y Eva"
 del pintor alemán Hans Baldung.
Génesis del paraíso

La manzana volvió a colgarse del árbol para contemplar la piel de Eva rendida ante el tacto de la serpiente.


(Microrrelato compuesto por 23 palabras incluyendo el título).


A partir de estas palabras, que sea vuestra imaginación la puerta abierta de vuestros sentidos.







Inspirada en este tema:
 "Hey Joe" de la cantante y actriz Charlotte Gainsbourg, protagonista de "Nymphomaniac" dirigida por Lars Von Trier.
 Este tema también forma parte de la banda sonora del filme.





miércoles, 4 de marzo de 2015

El castigo de Dios





Al principio Dios olvidó crear un objeto en el cuál los humanos se vieran reflejados.
 Éstos se miraban fijamente a los ojos de los demás y todas sus opiniones eran objetivas porque eran incapaces 
de distinguir Belleza de Fealdad comparándolas  con las suyas propias.

Entonces Dios ante tanta Perfección, entró en cólera, talló un trozo 

de vidrio y creó el primer espejo.

Los humanos empezaron a criticarse a sí mismos.

Y de repente aparecieron la subjetividad y los complejos.

…y con éstas…

…La Imperfección.



(inspirado en la película “El silencio” de Ingmar Bergman, en la

 que los espejos forman parte de los personajes. La imagen capta

una escena de esa película)

domingo, 1 de febrero de 2015

Instrucciones para medir el tiempo...con pañuelos de papel


Tras la última entrada de esta sección, "Instrucciones para medir el tiempo con latas de atún", retomo la sección "Instrucciones para medir el tiempo" basado en los "Manuales de instrucciones" de Julio Cortázar, autor argentino  que con su obra "Historias de cronopios y famas" nos  da una lección a propósito de los límites de la imaginación.

Materiales: pañuelos de papel convencionales, resfriado común.

Requisitos: Mucosidad nasal, saliva imposible de tragar, sentimiento de vacío, desesperación (o película 

dramática en su defecto).

Dificultad: elevada.


Tenga la humildad de escoger un día en los que se demuestre la infinita función excretora de fluidos característica de la especie humana.
De esta forma, usted dispondrá de dos situaciones en las que debutar nuestro experimento.
La primera se llevará a cabo, en la fecha exacta de su calendario en la cual,  tras meritorios esfuerzos por desprenderse de la adherencia de sus sábanas, cantidades industriales de densa saliva amarga y  angostas cataratas de  mucosidad color esmeralda decoren una compulsiva cefalea infernal secuestradora de los ambiciosos objetivos marcados en su agenda personal para ese día determinado.
Es muy importante que se mentalice previamente ya que en esa fecha determinada, usted  dejará de ser herramienta del postmodernismo actual, para ser el rehén de sus propias secreciones. De esta forma será  creador y víctima al mismo tiempo.
Una vez aceptada su situación con la dignidad del conformista, tenga la valentía de abrir un paquete de pañuelos de papel tatuado con el siguiente pasaporte.

PAÑUELOS
3 capas- más suaves y resistentes
10 unidades.

Desdoble una de sus rectangulares unidades como si de acariciar un peludo gatito indefenso  se tratase. Aspire fuertemente absorbiendo todas las moléculas de oxígeno disponibles  en la oscuridad de su aposento solitario.
 Cuando se sienta realmente preparado  libérese de toda la rabia acumulada exponencialmente en el interior de su infinita fuente de ocupas clandestinos resistentes a pagar el alquiler de su inocente resfriado .

-“¡¡Salgan de ahí fuera anarquistas aburguesados, ladrones de mi lunes por la mañana!! No importa si fuisteis hijos de un virus rebelde o de una bacteria sinvergüenza heredada en el ascensor al subir con mi vecina la del quinto o de mi baboso y mocoso sobrino pequeño. Sólo os pido que devolváis la cotidianeidad a mi planificada existencia, pues la necesito… ¡Oh sí la necesito, mi alma se oscurece de pensarlo; se vuelve del opaco color verde de la otorrinolangológica mucosidad con la que me torturáis! Necesito a mi despertador, el mal humor al  escuchar su mecánica melodía sintética, necesito a la constante inercia dictadora de mis actos; no puedo prescindir de esa ente etérea  y omnipresente llamada “siglo XXI”.

 De verdad os pido, inquilinos de mi garganta, conductos nasales y senos… devolvedme mi condición de objeto.”-  Exclame con fuerza.

A continuación lleve a cabo la segunda situación. Una vez enfrascado en la hermética fragancia del fracaso, dele rienda suelta al papel protagonista de sus fluidos.

 Sí,sí , leyó correctamente. No, no, para nada. No existe ambigüedad alguna. Como usted  acaba de intuir; son ellas, esas grandes temidas por la mecánica del hombre moderno.

Las lágrimas.

 Nuestro líquido más inocente. Las hijas bastardas del músculo orbicular de los párpados. Tan simétricas y bilaterales (pues no se puede llorar con un solo ojo). Tan puras (pues junto con los sueños son las grandes mensajeras de nuestro subconsciente) y tan prostitutas a la vez (se ven obligadas a serlo al mezclarse con los  mocos cuando mueren en el conducto nasolagrimal desprendiéndose de su transparente elegancia).
Ante semejante espectáculo acuoso usted deberá repetir el mismo proceso anterior. Si todavía dispone de oxigeno, aspírelo fuerte y a continuación vuélvase a liberar, está vez con más fuerza, más impotencia, más humanidad. Sienta el placer de saborear el irremediable destino que le acecha.

Deshidrátese de su vulnerabilidad.

A continuación dispóngase a acumular cada uno de los pañuelos en forma de otoñales champiñones de temporada poblando su cama.

Es importante que sepa la clasificación de las lágrimas. El ser humano es capaz de secretar dos tipos de lágrimas.

Por un lado están las lágrimas falsas o pseudolágrimas . Son las actrices de la mentira, pues las utilizamos al sentir emociones falsas, o pseudosentimientos como cuando pretendemos conseguir un ascenso (o evitar un despido improcedente) en el trabajo o al dejarnos engañar en nuestra oficina bancaria de confianza  implorando un préstamo sabiendo que nos hará llorar de verdad al no poderlo pagar.  También podemos incluir a las lágrimas vertidas al ser espectadores de una manifestación artística, ya sea un desgarrador cuadro de Goya, una obra de teatro del absurdo, una canción de Louis Armstrong, o una película dirigida por Isabel Coixet. Pero la veracidad de últimas puede llegar a ser debatible, ya que la misión del arte no es otra que indagar en lo más profundo de nuestros enrollados intestinos para extraer de ellos los sentimientos escondidos por nuestra racionalidad. Podemos plantearnos entonces la veracidad de las pseudolágrimas ante la representación estética del artista creador.

Por otro lado tenemos las lágrimas verdaderas, o lágrimas de verdad. Son las grandes protagonistas de este Manual de instrucciones  con el que le estamos amargando el día. A estas alturas de este agónico e indeseable tríptico usted ya ha debido percatarse de nuestra ascendente evolución, pues al principio comenzamos por la parte más fácil, aquellas secreciones espontáneas incómodas, infectadas, contagiosas, pero carentes de mensaje relevante, ya que  los pañuelos que las transportan carecen de emociones, puesto que los mocos y la saliva son incapaces de transmitir sentimientos.

Así pues, mediante estás lágrimas verdaderas, los pañuelos de papel serán utilizados como transportadores de sentimientos a su vez, verdaderos como la  ira, la tristeza, la rabia, la impotencia, la desolación, la desesperación por todo tipo de fracaso (el del despido injusto, el de la cola del paro, el de ese amor pasajero que podría haber llegado a hacernos olvidar definitivamente de las lágrimas, a un cáncer terminal que nos hará descubrir planetas hasta ahora desconocidos en pocos meses… ) .

Pero sobre todo usted debe saber que las  lágrimas verdaderas  son la máxima expresión de la soledad.
De esa soledad que surge al enfrentar contra su prominencia nasal , la celulosa tejedora de ese  papel fabricado en alguna fábrica de Tarragona  cuya idea original, diseño, manufactura, y proceso de calidad ha sido examinado por empresarios, ingenieros, técnicos , peones de fábrica y algún que otro sindicalista repartidor de utópicos panfletos marxistas. Toda  esta folklórica burocracia para que usted se dé cuenta de que estos pañuelos han seguido los mismos protocolos que sufre usted  al rendirse ante la espiral del sedentarismo mental que gobierna el mundo del hombre contemporáneo a través de una pantallita conectada a un nuevo pensamiento telepático llamado internet ante el cual debemos arrodillarnos.

Internet no sabe llorar, por dos motivos esenciales; a) no puede acumular sus lágrimas en pañuelos, b) a diferencia de usted, nunca está solo (aunque la calidad de su compañía sea francamente cuestionable) por eso es atemporal. No existe el tiempo al navegar en sus aguas.

¿Y qué tiene que ver la medición del tiempo, su escatológico  constipado , con estas lágrimas recordándole su soledad este lunes por la mañana en el que debería de estar siendo útil para la humanidad en vez de acumular asquerosas  bolas de papel?

Sí, ha acertado, el resto de los mortales, al igual que usted también  necesitan las lágrimas para gestionar su soledad vital, esa soledad inevitable que por un momento, nos aleja de ese ser autómata en el que nuestro querido  Homo sapiens se encarnó hace unas décadas para transformarnos en aquello que algún día fuimos:

Seres humanos.

Al final de su vida, cuantifique la cantidad de pañuelos utilizados con lágrimas verdaderas.  Si usted cuenta más de cien mil, respire en paz,  ya puede morir tranquilo.
Habrá vivido.

FIN

(a K , porque aunque ahora estés lejos, sigues regando las plantas marchitas de mi inspiración)

Os dejo con una canción muy representativa de lo que supone aceptar vivir en soledad.