jueves, 19 de enero de 2012

Días de radio

Cuando alguien abandona este mundo una árdua tarea le recae, la de abrir los ojos a los suyos ante los detalles insignificantes que les identifican. Desde hace 3 meses a mi abuelo no hay quien le detenga, pues se empeña en hacerme ver las pocas cosas que teníamos en común, y que ahora me percato, nos unían. Primero fue al observar la minimalista agenda de bolsillo en la que se han convertido mis manos, pues ambos las utilizabamos para escribir en bolígrafo aquellas tareas inmediatas y precisas. Más tarde llegó el turno de adelantar 1 hora los relojes (otra sana costumbre). Pero si un hábito comparto con mi abuelito de una forma insaciable es el de escuchar radio nacional.
Todo empezó una tierna mañana de un delicioso verano de la infancia en un pequeño pueblo de Teruel. Mi abuelo, que era un albañil de esos que duermen hasta con la pala, estaba terminando la buardilla de la casa. Yo tenía una misión de vital importancia, la de administrar el almuerzo, así que cada día mi abuelita preparaba dos rodajas de pan con aceite , sal, un tomate abierto y jamón serrano, y yo subía con mi peto vaquero y mi sombrero de paja hasta la buardilla. Aquel día vi que mi abuelo no paraba de tocar la antena del transistor, yo le miré con una curiosisdad voraz. Entonces colocó el plato en una mesa , se sentó en una silla, me subió en sus piernas y dijo "Mira gitanilla, te voy a enseñar a sintonizar la única emisora que se oye en este pueblo, y también la única que se acerca más a la verdad". Así nació mi afición por la radio, y desde ese momento fue una amiga más para mí, pues me acompañaba en mis juegos, cuando pintaba, cuando ayudaba en la cocina...¡hasta inventarme a los 9 años un programa de radio y grabarlo en cintas virgenes para despúes torturar a mi familia a la hora de la cena! Sin duda mi abuelo me dejó una herencia llena de riquezas aquel dia, pues las voces siempre hacen compañía y endulzan un poco la soledad. Este verano mientras mi abuelo se despedía de nosotros lentamente me dijo: "Clara, hija, me puedes poner la radio que me entere un poco de lo que pasa en este país". Ahora yo te digo abuelo: nadie se ha enterado del todo bien de lo que está pasando en este país y menos mal que no estás aqui para presenciarlo.

Las ondas transportan recuerdos, como éste que acabo de escribir, pues me ha llegado esta mañana: hoy Radio Nacional de España cumple 75 años. La historia es bastante curiosa, e incluso patética, pues fue el dictador Franco quien dictaminó su creación con una función propagandística, junto al embajador de la Alemania nazi, quien aportó el aparato. A las 9 de la noche de aquel 19 de Enero de 1937 , con un frío que pelaba, el nervioso (no era para menos) actor y Fernando Fernandez de Córdoba rezó "en el combate habido en el dia de hoy han sido derribados 3 aparatos(...) y 12 kazas del enemigo, en Salamanca, sin ninguna baja por nuestra parte, España sigue siendo triunfal". La verdad esque el termino "Nacional" ha diferido mucho de su función original. Siempre es bueno mirar atrás para aprender de los errores,¿no?

La radio es inmortal, perenne, no le tiene miedo al cambio, fluye con él, más bien se enriquece de las nuevas tecnologías. Gracias a la radio he aprendido a perfilar algunos aspectos de mi ser: he aprendido a escuchar, a opinar, a objetivar y también a reflexionar. Me ha abierto la ventana a lugares donde nunca he estado con programas cómo "Nómadas" (radio 5), y a otros donde gobierna la literatura , como "la estación azul", también me ha introducido a la música clásica , en radio clásica con "Juego de Espejos", "Los imprescindibles" o "Té para tres", y a otras músicas con "Radio 3". Cuando no puedo dormir, me acompaña "Afectos en la noche", y a la hora de hacer punto "reportajes" o "redes", si tengo que hacer chapuzas en casa un sábado por la mañana me ayuda "Hoy no es un día cualquiera". Siempre hay un estado de ánimo, un momento para cada programa, y si no se elijé gracias alos podcast en internet.

Y es que las palabras son una metamorfosis aleatoria, y en cualquiera de sus formas pueden abrir las más crudas heridas o apartar a la más desgarrada soledad.

Gracias abuelo, por enseñarme a amar la radio.

Felicidades Radio Nacional, y gracias por vuestra compañía, por vuestra manera de hacerme ver el mundo (real y ficticio) y por haberme hecho recojer este pequeño recuerdo escondido.

Os dejo con una estrofa de una de mis canciones favoritas de Celtas Cortos "Radio amiga":

"Si la palabra es libre cuando aletea en la radio,
de regalar un milagro, radio, ¡feliz cumpleaños!,
y a regalar que escuchar es soñar"

1 comentario:

Juanjo dijo...

Tengo que reconocer que nunca he sido muy de radios,pero tu relato me ha parecido muy nostalgico y me ha llevado a ciertas tardes de verano en las que mi madre y mi abuela cosian mientras oian la radio
Besos