domingo, 6 de enero de 2013

Taxi driver


“95/ 63” esas cifras parpadeaban en la pantalla entre un puzle de gráficos y constantes.

- Vale , todo controlado, podeís cerrar ya. Hemos terminado.

Cuando aquel pijama verde con gafas cuyas lentes conectadas al unísono con su matemático pulso de cirujano cardíaco abandonó la sala de quirófano, esa masa incandescente que bailaba al ritmo de las olas en un vals de suturas se despidió de ella. Aquel ejército enmascarado de pijamas verdes no sólo había “parado” transitoriamente aquellos latidos, sino que había cambiado una válvula para después devolvérselos. A simple vista, la diferencia entre aquella sala y el taller mecánico de su calle era que en vez de manchas negras de grasa, aquí eran rojas de sangre.

No cabía dentro de sí misma.

Era la primera vez que veía un corazón abierto latir.

-“LUB, DUB…LUB, DUB” .

-“Te esperaba más rojo, y más puntiagudo, en fin… más romántico, pero me aún así me pareces un músculo fascinante.”- pensó

-“Todos poneís la misma cara cuando me veís, pues parece que olvídais que en cada uno de vosotros funcionaís gracias a uno como yo. Y ahora marcháte de aquí, pues tienes que ir a trabajar. Y recuerda, nunca olvides que…las apariencias engañan”.- le dijó el.

Se lavó las manos como si de una ducha se tratase, y se desabrochó el pijama verde mientras corría hacia el vestuario. De todos los papeles que interpretaba en su vida , el de cirujana era su favorito, pues eso de andar con pijama todo el día , sin ataduras, sin presiones, sin intención de dar una imagen que la estereotipara profesionalmente le parecía el futuro perfecto.

Pero antes de aquello, le quedaban muchos personajes a los que dar latido, a los que dar vida.

Salió del hospital mientras escuchaba su propio “LUB, DUB” en el centro del pecho, pidiéndole a gritos un descanso. Tenía el corazón pequeño, justo a la medida de su cuerpo. Nunca lo había visto, pero lo intuía, solo un corazón pequeño era capaz de percibir los latidos de los otros corazones más grandes. Sólo un corazón pequeño podía aguantar esa estresante bipolaridad vital sin necesidad de un desfibrilador.

Abrió su mochila , su olfato le recordó que media barra de pan del día anterior, una lata de atún en aceite de oliva virgen y un plátano (su abuela, que no era médico pero muy resabiada en remedios naturales, no le dejaba salir de casa sin un plátano encima, por si “te da un bajón de potasio”).

Sin duda, aquellas eran sus armas de “supervivencia masiva”.

El autobús pasó por su lado casi rozándola.

-“¡¡¡ESPERÉEÉÉ!!! ¡¡¡PARE!!! ¡¡¡POR FAVOR, PARE!!!- chilló mientras la línea 30 abandonaba la parada.

-“¡Qué te zurzan, socapullo!” -volvió a exclamar mientras, le pegaba una patada a una lata de refresco vacía.

Miró el reloj: 16:10. Mierda… Ya se podía ir olvidando del plátano.

Abrió la cartera: un billete de 5 euros arrugado… mierda, mierda…

Paró en medio del asfalto al primer taxi que vió, mientras exclamó agonizando

- “¿Por 5 euros podría hacerme el favor de llevarme a este centro comercial?”

El taxista se quedó tan impactado ante la cara de aquella chiquilla, que ni si quiera tuvo el valor de recriminarle su petición.

- “Sube , niña, sube, si total , hoy no ha subido casi gente, algo tendré que cobrar aunque sea un billetico, ¿no te parece?”

- “Muchas gracias, señor, me ha hecho usted un verdadero favor.”

Entre semáforo en rojo y ámbar , apareció el tema de conversación, arte típica de esa profesión:

-“Vaya, si que tienes prisa de ir a las rebajas, a gastarte el dinerito, eh?

Definitivamente, ese comentario era la guinda del pastel. No le encontraba ni pizca de gracia. Le miró el pecho y entonces lo vió latir “LUB, DUB…LUB, DUB”.

Era un buen corazón, un poco grasiento, por sus cotidianas visitas al bar y al estanco, pero dotado con una admirable paciencia. Esa paciencia de tener que transportar alamas en pena, maleducados y exigentes ejecutivos, ancianitas cuyos hijos ignoran, discusiones interminables entre ampulosas con sus maridos doblemente ampulosos, y borrachos decorando a base de vómitos el tapizado recién estrenado a las 4 de la madrugada.

Sintió cierta empatía por su papel en la sociedad.

Le daría una 2º oportunidad.

_ “Pues eso me gustaría a mi “ -le contestó ella con una sonrisa.- “Entro a trabajar dentro de veinte minutos y acabo de perder el autobús”.

- “Vaya , lo siento mucho. No te preocupes que no hay mucho tráfico y enseguida llegamos. Piensa en lo afortunada que eres por tener un trabajo”.

- “La verdad es que tiene usted toda la razón, no todos los chavales de mi edad pueden permitirse el lujo de trabajar y estudiar a la vez”

- “¿Qué además estudias?”- dijo sorprendido- “Desde luego no sé cómo no les da vergüenza a esa panda de gandules que tenemos por políticos ponéroslo tan difícil, subiendo el precio de las matrículas universitarias, y encima recortando en investigación y hechando gente a la calle. Cada vez creo menos en la democracia”.

- “ Nuestra única arma es nuestro pequeñito esfuerzo, y sobretodo el de nuestros padres. Deténgasé aquí señor, me sobra tiempo para acabar este trocito andando.

- “Pero niña, ¡ si ni si quiera hemos llegado a los 5 euros”.

- “No importa, quédese con el cambio”- dijo mientras cerraba la puerta.

Antes de seguir con su camino, observó por última vez a aquel corazón de carretera, y se percató de sus ojos llorosos.

- “Sabes lo que te digo niña, que los jóvenes como tú sois los que vais a levantar el país, recuerda lo que te digo. Te deseo mucha suerte en la vida”.

Cuando se mezcló entre el bullicio de aquel centro comercial, volvió la banda sonora cotidiana , pero esta vez mucho más enérgica a causa del bullicio incascendente “LUB, DUB…LUB, DUB”.

16: 25. Tenía 5 minutos para cambiarse de uniforme, unos labios que pintar , una imagen que aparentar y otro papel que interpretar.

Pero sobretodo tenía un corazón que latir.


A todos los que estudian y también trabajan.

Menos mal que tengo "Platero y tu"






3 comentarios:

Daniel Fuentes dijo...

Molt bona reflexió! El que és important en aquesta vida és que el nostre cor, que ens dóna vida, tingui un motiu per seguir bategant sense parar. Amb escrits com aquests demostres que tu en tens.
Feliços 37 mil bàtecs! Feliç 2013!

Juanjo dijo...

Todos tenemos un corazon.El tuyo es grande
Me imagino que ver uno latiendo debe ser una experiencia inolvidable
Besitos y feliz 2013

pekosilla dijo...

Gracias! Lo más gracioso del asunto esque esta conversación es real, al igual que el taxista!